Mi Vecinita de Abajo

22 septiembre, 2005

2

Desde ese día quede impactado por su actitud tan despreocupada.
Pasaron varios días y no la volví a ver hasta que mi esposa y yo nos la encontramos con su marido en las escaleras.
Nosotros llegábamos de comprar algunas cosas para la despensa en el Wall-Mart, y ellos iban saliendo, pero iban discutiendo.
Pasaron muy rápido y no alcancé a escuchar bien lo que decían, pero algo distinguí acerca de que él la maltrataba. Dentro de mí sentí cierto grado de preocupación al pensar que la golpeaba.

Su esposo era de complexión media, un poco más alto que yo, moreno y de cabello corto.

Mi esposa empezó a desempacar las cosas y me dijo que había olvidado comprar cerillos.
Me miró con cara de ruego para que fuera a la tienda. Sin ganas, pero sintiendome obligado, salí del departamento.

Llegué a la tienda, y al entrar me topé con ella.
-Hola -La saludé como si no me hubiera dado cuenta del pleito.
-Hola -contestó, todavía un poco molesta.
Compré los cerillos y ella sacó un cigarro de su chamarra. Inmediatamente prendí un cerillo para su cigarro. Me quedé como en shock... me estaba causando una obseción tremenda.

-Gracias... cómo te llamas? me dijiste...?
-Abel -Contesté. -Ya me voy a mi casa, nos vemos....
-Sí, vámonos -me interrumpió.

La tienda está a media cuadra del edificio, y no dijimos nada rumbo a él.

-Perdón que gritaramos tanto mientras subían -dijo- seguro todos nos oyeron.
-No creo... tal vez sólo los 6 primeros pisos- contesté tratando de hacerme el gracioso.
Sonrió meditabunda.
-Ella es tu esposa me imagino -vaciló un instante y continuó- es guapa.
-Gracias
-No debería dejar que anduvieras solo por la calle. Te vayan a robar - y sonrió de nuevo, pero maliciosamente.

Llegamos al piso de su departamento y se despidió sin voltear a verme y sin esperar respuesta.
-Oye -y cómo me arrepentí después de decirlo- si tienes algún problema... o algo... con confianza, eh?
-Gracias Abel. Me agrada escuchar eso. A veces hace falta alguien que te escuche sin sentirse dueño de ti.

17 septiembre, 2005

1

Mi hermano me recomendo con el casero de un viejo pero remodelado edificio muy cerca del centro de la ciudad de Puebla.
Hasta ese momento, habíamos vivido en un Infonavit, y cambiarse a un departamento casi tres veces más grande de la miniatura de casa donde vivíamos mi esposa y yo, era un gran paso hacia adelante.
Claro, no iba a ser sencillo, pero habíamos ya agarrado un ritmo de trabajo duro y teníamos que redoblar esfuerzos, pero iba a ser para bien.

Fuimos a verlo y nos pareció muy bien. Aunque el casero es muy especial por lo que me dijo mi hermano, pudimos convencerlo de que no le causariamos problemas y pagaríamos la renta puntualmente.

Todo era emoción. A la semana siguiente tenía ya el dinero de del depósito y la renta adelantada que nos había pedido. Inmediatamente se lo llevé y al día siguiente ya nos estábamos mudando.
Mi esposa nos iba diciendo cómo y dónde queria acomodar los muebles y entre un primo, mi hermano y yo hacíamos la talacha.

En la noche celebramos con tacos árabes y un cartón de cervezas.
Al día siguiente mi esposa se fue a trabajar (trabaja en un banco) y como era sábado y yo no tenía que hacer nada hasta la tarde, me quedé a terminar de acomodar las cosas.
Encendí la televición y no se veía ningún canal. No tenía antena.
Fui a comprar una, al fin y al cabo por ahí hay varios negocios de todo tipo y no iba a ser problema encontrar una. Hasta robadas encontraría.
La compré y subí a la azotea a colocarla, echando el cable por fuera del edificio para que entrara por la ventana de nuestra sala, ubicada en el 5 piso.

Encontré el lugar perfecto para colocarla. La atornillé a un tubo de donde se fijaba una malla que cubría la azotea. Del otro lado de ella había una muchacha de no más de veinte años que estaba tendiendo ropa. Delgada, con un short que mostraba sus piernas y una playera de bugs buny que la hacía ver muy sexy, a pesar de dejar todo lo demás a la imaginación.
Estaba acabando de ponermi antena cuando vi que se me acercaba.
-Hola- dijo ella.
-Hola.
-No alcanzo a bajar un pantalón de mi esposo que se quedó colgado en el tendedero del fondo y está más arriba que los demás.
-Claro- le contesté casi sin pensarlo.

Fuimos al lugar y bajé el pantalón sin ningún problema.
-¿Eres nuevo en el edificio?-preguntó
-Sí. Mi esposa y yo nos acabámos de mudar ayer.
-Ah, eres casado. Es una lástima- dijo sonriendo con una cara de inocencia y maldad a la vez
Yo reí nervioso, como si fuera una broma de mal gusto y me sintiera obligado a contestarla.
-Muchas gracias, eres muy amable.- y me extendió la mano sonriendo enseñandome los dientes y poniéndose de puntitas - me llamo Adriana.
-Abel, mucho gusto.
-Adiós Abel, el gusto va a ser mío.

Y bajó las escaleras dejándome con mi estúpida sonrisa y mi antena a punto de ser instalada.

12 septiembre, 2005

Hola.
Bienvenidos a mi blog. Soy lector de blogs desde hace algún tiempo, pero no me había animado a tener uno propio. Creo que por cierta timidez que me invade de vez en cuando.
Pero hace dos meses, que mi esposa y yo empezamos a rentar un departamento cerca del centro de la ciudad de Puebla me empezaron a pasar cosas muy extrañas.
No, nada de fantasmas, ni brujerías.

Tengo 5 años de casado y quiero mucho a mi esposa. Pero desde que nos mudamos acá, la vecina de abajo me ha hecho la vida imposible. Me coquetea, me hace platica, bueno, ya se han de imaginar. Ella es joven, no pasa de los 20 años y..... es casada. Ademas es muy bonita y tiene un cuerpo que me ha hecho pensar en la infidelidad un par de veces.

Quise abrir un blog para contar las cosas y las situaciones que han pasado en estos dos meses. Triste porque hoy, hace un par de horas, le fui infiel a mi esposa. Emocionado tambien porque hoy me acosté con mi vecinita y permitanme decirles, que coje muy rico.
Bienvenidos!